SE01E01 – Municipal, Navalmoral de la Mata.

Abrimos hilo con la primera parada del , Navalmoral de la Mata. La casa del Moralo. 17.200 habitantes que rezan a la Vírgen de las Angustias ver al Moralo de vuelta en Segunda B. Este es el Municipal de Navalmoral.

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A lo lejos divisamos la Piedra Caballera, el símbolo de Navalmoral de la Mata, situada en un alto desde el que se divisa toda la ciudad. Cuenta la leyenda que un grupo de cinco amigos subió un 23 de Octubre de 1935 y se perdieron a medianoche. Allí comieron una manzana podrida.
Y resulta que los cinco murieron. Se dice que no quedaron ni los cuerpos. Uno de ellos se llamaba Antonio. Al día siguiente la madre subió a buscarlo gritando “Antonio! Antonio!, sin suerte.. La leyenda cuenta que el día 23 de Octubre a las 12 se escucha a la madre gritando aún.

Pero volvamos al Municipal, donde nos recibe amablemente el personal del @MORALO_CP. Un lujo de hospitalidad el de este club refundado en 1955 que cogió el testigo del viejo Moralo CF, y que llegó por vez primera a Tercera en 1980. Tres años antes se construyó esta tribuna.

En Tercera pasan varios años cómodamente. En 1988 están a punto de dar la sorpresa y lograr el ascenso, pero finalmente quedan cuartos. Todo cambia en los 90. Con el mito Miguel Angel Iglesias de entrenador logran jugar la liguilla de ascenso a Segunda B en la temporada 91/92.

Un hecho histórico para un club como el Moralo. En la liguilla caen ante un Toledo que comenzaría de esta manera su escalada a las alturas. Al año siguiente se proclaman campeones, pero caen en promoción. En 1996 más de lo mismo. Hasta que en 1997 la magia toca Navalmoral. Veréis

Moralo y Linares se jugaban el ascenso en este campo. Un gol de Pulido da el ascenso al Moralo. Pero en el último minuto empata el Linares. Todo por decidir en Linares. El 29 de Junio ante un Linarejos lleno hasta los topes el Moralo se la devuelve al Linares con un gol en el 91.

El tanto fue de David, ex-Leganés, con un disparo raso que enmudeció Linares entera. Y estalló la locura entre los aficionados visitantes. El Moralo había culminado el ascenso tras una temporada espectacular en la que estuvieron 25 partidos sin perder.

Aquella temporada militaron en el grupo vaques tres conjuntos cacereños. El Plasencia, el propio Moralo, y el Cacereño que se proclamaría campeón. El Moralo lograba la permanencia en el Municipal ganando 3-1 al Rayo Majadahonda con un clásico como Santi Revilla como bigoleador.

Al año siguiente corrían la misma suerte que el Plasencia, descendiendo. La adaptación al grupo miarma no fue sencilla, quedando penúltimos solo por encima de un Isla Cristina en el que terminó jugando hasta tu cuñado. Sus humildes gradas dejaron de ver fútbol de Segunda B.

En 2002 vuelven a ascender tras un 2-4 en Tomelloso en play-off. La 02/03 la terminan antepenúltimos en Segunda B, de nuevo en el grupo miarma y entrenados como siempre por Miguel Ángel Iglesias. Tras ese efímero paso en 2002 por Segunda B, el club entra en barrena.

El déficit comienza a ser inasumible y entra una gestora en la que están varios jugadores. En 2013 bajan a Regional. Desde entonces el Moralo se ha convertido en un clásico de Tercera sin llegar a obtener grandes clasificaciones….hasta este año. La clave, este vestuario.

Un año donde están obteniendo número espectaculares. Son líderes habiendo perdido un solo partido. Ocurrió en Noviembre, en casa, y ante 1.700 espectadores que llenan el Municipal. Tras una temprana expulsión el Coria gana 0-4. Su única, pero sonada derrota en la primera vuelta.

Esta tribuna de uralita vio crecer dos mitos eternos del Moralo: Uno es Miguel Ángel Iglesias, su míster, con 332 partidos dirigidos. Otro es Tito, su mítico medio, que llegó a disputar nada más y nada menos que 666 partidos con la camiseta verde, 80 de ellos en Segunda B.

Estas torretas anti-nidos vieron nacer tambien a un delantero clásico de nuestro fútbol, Paniagua, que con sus goles pasó del Moralo B al Moralo de Tercera, y de ahí a recorrer España. Y estas torretas nos sirven para despedirnos hacia el siguiente destino. Adiós, Moralo!